Domingo 23 de noviembre de 2025. XXXIV del Tiempo ordinario. Solemnidad de Cristo Rey.
Lectura del evangelio según san Lucas (23,35-43).
En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:
«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había también por encima de él un letrero:
«Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo».
Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo:
«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
REFLEXIÓN
YO SOY REY. PERO NO DE ESTE MUNDO. Los reyes de este mundo viven en Palacios, tienen esclavos que les sirvan y soldados que les defiendan. Les gustan los honores, las dignidades, las grandezas. La primera lectura habla de la unción de David como rey de Israel. Hay que tener en cuenta su elección a través de Samuel:” Fue a casa de Jesé y éste le mostró sus hijos más fuertes y robustos. Y ninguno le agradó. ¿No tienes más hijos? Sí, “el más pequeño”, que está pastoreando el rebaño. Buscadlo, ése es el elegido. Dice Dios: “Vosotros os fijáis en las apariencias, pero yo miro el corazón” (1Sam. 16, 7-12). Jesús es rey, pero pasó por la vida como “el pequeño, el siervo, el humilde”. Cuando, después de la multiplicación de los panes, le quieren hacer rey, se esconde (Jn.6,15). Si los reyes de este mundo buscan un camino de “ascenso” Jesús siempre busca el camino de “descenso”, hasta lavar los pies a sus discípulos.
YO SOY REY. PERO MI CORONA NO ES DE ORO NI PERLAS PRECIOSAS SINO DE ESPINAS. De la cabeza de este gran rey han salido proyectos maravillosos, sueños sublimes. Él ha querido reinar desde el amor y ha pasado por la vida “haciendo el bien a todos”. Ha predicado la igualdad, la fraternidad, el perdón. Y no sólo lo ha predicado, sino que lo ha vivido, lo ha realizado. Ha muerto perdonando a los que se estaban mofando de él. “Los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido”. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Esa cabeza que sólo ha pensado en hacer el bien ha sido “coronada de espinas”. Es la paga que le han dado a este rey. Ha muerto perdonando también al ladrón que tenía a su lado. Solamente teniendo a Jesús al lado, uno puede soportar el dolor, el sufrimiento y la muerte. La gran lección de esta fiesta es: sólo desde el amor se puede reinar.
YO SOY REY. PERO NO PARA QUE ME SIRVAN SINO PARA SERVIR. Frente al afán de dominar, propio de los que tienen poder en el mundo, Jesús ejerce su dominio “sirviendo a los demás”. Dios hizo a nuestros padres en el paraíso “virreyes” y les dio el dominio sobre todas las cosas (Gn. 1, 28). Pero no quisieron ser “virreyes”. Quisieron ser “reyes” y tener el poder y el dominio de Dios. Según la carta de Pablo en este día, “Él es el primero en todo y tiene toda la plenitud”. Nosotros podemos participar de esa plenitud de Cristo dominándonos a nosotros mismos, sin ser esclavos de nada y de nadie. Al contrario, debemos servirnos los unos a los otros por amor. Un servicio hecho sin amor, esclaviza; pero un servicio hecho por amor, nos hace libres. Con este servicio hecho por amor, Jesús nos ha enseñado a reinar. Cuando a los primeros cristianos de Roma se les exigía que dieran culto al Emperador, ellos decían: Nosotros no reconocemos a otro Señor que a Jesucristo, que ha muerto y ha resucitado por nosotros. Nuestros primeros cristianos se pueden considerar como “mártires de la libertad”. Nadie más hombre que un cristiano; nadie más libre que un cristiano, nadie más feliz que un cristiano, pero un cristiano de verdad.
Jesús es rey porque reina en la cruz, un rey que es condenado por los poderes religiosos y políticos, un rey que salva a los demás y no a sí mismo. Jesús escuchó muchas peticiones a lo largo de sus tres años de predicación del reino de Dios, pero esta es la más especial. Hace falta mucha fe para creer que ese ajusticiado al que todos rechazan dentro de poco será rey. Es la intimidad del rey y su súbdito, algo infinitamente más valioso que todos los favores de los jefes y reyes de este mundo. Jesús no nos salva como algunas veces querríamos nosotros, y está claro que su reino no es de este mundo. Jesús nos salva con una mirada de misericordia.




