Nuestra Orden

LA ORDEN DE PREDICADORES

Desde que Santo Domingo fundara la Orden de Predicadores allá por el s. XIII, mucho ha sido el camino recorrido desde entonces al servicio de la Predicación, porque nuestra Orden fue fundada para la predicación y la salvación de las almas, al servicio de La Palabra, por tanto, la celebración de los 800 años desde la confirmación de la Orden, supone sobre todo actitud de gratitud por el don de la vocación de la Orden, por la confianza y la fidelidad del Señor, por la tradición que se nos ha transmitido, por la riqueza y la diversidad con la que los frailes realizan por el mundo la misión de predicación, y por las nuevas vocaciones que nos son dadas. Actitud también de verdad y de humildad, por la cual, bebiendo en las fuentes de nuestra historia y de nuestra tradición, pedimos al Señor, con un espíritu de metanoia, que renueve la generosidad y la libertad interior que nos disponen a ser de nuevo enviados a anunciar el Evangelio con pasión, creatividad y alegría, como lo fueron los primeros frailes de Domingo.

monjas

Reunión del Maestro de La Orden, fr. Bruno Cadoré, op con los miembros de la Familia Dominicana, en Almagro. Mayo, 2014

En el corazón de esta actitud está la escucha de la Palabra de Dios, en la contemplación y la celebración, en el estudio y la vida fraterna, en el diálogo con el mundo y la predicación. Gracias a esta escucha individual y común de la palabra afirmamos nuestro deseo de dejar que el espíritu haga de nuestras comunidades, cada vez más, comunidades de fe, y conforme nuestras vidas con la vida de Cristo, nuestro deseo de vivir de este misterio, a la manera de los primeros testigos de la predicación de Jesús, configurados por “la ternura y la humanidad de Cristo”. Esa es la fuente de la renovación del entusiasmo, de la alegría y de la creatividad de aquellas y aquellos que son enviados a ser “testigos de la resurrección”. Es también la fuente en la que hemos de beber la audacia del testimonio y del servicio de la amistad de Dios para con el mundo, y la esperanza en un porvenir de paz y de comunión en el mundo. Somos enviados a predicar el Evangelio desde el corazón de la contemplación del misterio de la generosidad y de la gracia de Dios. Queremos responder a este envío con un celo renovado, in medio Ecclesiae, con tantos otros cristianos que desean llegar a ser lo que son anunciando el Evangelio para que crezca la Iglesia de Cristo, y muy especialmente con el conjunto de la familia dominicana. Enviados como predicadores bajo el signo de la fraternidad, a la escucha de nuestros contemporáneos y en diálogo con ellos, deseamos dar testimonio de la misión del Hijo mismo, y servir al carisma de la predicación en la Iglesia.

Según las últimas estadísticas, la Orden cuenta con algo más de 6000 frailes, unas 3000 monjas en 219 monasterios, 24.296 hermanas dominicas apostólicas pertenecientes a 150 congregaciones, alrededor de 150.000 laicos dominicos y 16.000 laicos asociados, 265 miembros de fraternidades sacerdotales (reunidos en trece grupos), 150 miembros de institutos seculares dominicanos. Es una alegría profunda descubrir la vitalidad de una Orden que predica en medio de una gran diversidad cultural, eclesial y socio-política.

Que todo nos invite a considerar verdaderamente este Jubileo como la oportunidad de beber de nuevo de la fuente de nuestro carisma, poniendo nuestros pasos sobre los de Santo Domingo, amigo de Cristo, amigo de los hombres.

(de las Actas del último Capítulo General, Trogir, 2013)

Reunión del Secretariado Internacional de la Familia Dominicana. Roma, septiembre, 2012

En España las monjas dominicas estamos agrupadas en tres Federaciones. Nuestro monasterio de San José de La Solana pertenece a la Federación Nuestra Señora del Rosario, formada por 19 monasterios extendidos por la zona sur de España: Andalucía, Ciudad Real, Islas Canarias y Murcia. El monasterio federal, lugar de residencia de la Priora Federal y sus más cercanas colaboradoras, tiene su sede en Córdoba, en el monasterio Santa María de Gracia, que además es noviciado común de las formandas de la Federación, y lugar de reunión para encuentros entre las hermanas de toda la Federación.