María Inmaculada

Una vida redimida en la gracia y en la esperanzadescarga-1

Repasar la vida de María, hacer memoria agradecida e interpelada de su existencia humana es un canto a la esperanza, es una demostración de la verdad de la esperanza cristiana. Ella es la estrella de la esperanza, la Madre de la Esperanza porque fue humilde esclava del Señor, porque vivió en el contacto íntimo y permanente con la Palabra de Dios, porque se fió de Dios, porque dijo <sí> en la Anunciación y en sus entrañas purísimas se encarnó el Dios de la Vida y de la Esperanza.

María es la estrella de la esperanza en la Natividad del Hijo de Dios e Hijo suyo, en la presentación en el Templo cuando el anciano Simeón le dijo que una espada de dolor que atravesaría el alma. María es la estrella de la esperanza porque cuando comenzó la vida pública de Jesús ella supo quedarse a un lado, en penumbra, en silencio, en espera de que se cumplieran las Escrituras y la promesa de Dios. María es la estrella de la esperanza porque supo indicar en Caná de Galilea que es preciso hacer lo que El nos diga. María es la estrella de la esperanza, es la Madre de la Esperanza, porque el Viernes Santo en el Calvario esperó contra toda esperanza ante el cuerpo destrozado, muerto e inerte de su Hijo y creyó y esperó la alegría inenarrable del Domingo de Resurrección y su eco y definitivo impulso misionero en Pentecostés cuando el Espíritu Santo renovó definitivamente, en realidad y en prenda, la faz de la tierra.

ORACIÓN A LA MARÍA INMACULADA, VIRGEN DE LA ESPERANZA

Plegaria a la Virgen de la Esperanza,  María Inmaculada

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,
enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia el Reino.
Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.

Virgen Inmaculada, muéstranos la belleza de la gracia, el esplendor de la santidad. Ayúdanos a combatir el pecado y a buscar el perdón.

Tu Hijo es la Gracia, el Esplendor de la santidad, Quien quita el pecado del mundo y Quien, con su sangre derramada en la cruz, nos abraza en el perdón, en la reconciliación y en la paz.

Santa María de la Esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera y de nuestra esperanza, que solo se muestran, se demuestran y se avalan en el amor, en las obras de caridad y en la coherencia cristiana de vida. Amén.