La fuerza de la oración

LA FUERZA DE LA ORACIÓN

Una de las obras más conocidas de Alberto Durero, afamadomanos de durero pintor y grabador del renacimiento alemán, es Manos Orantes, una pintura que tiene detrás una leyenda. Alberto Durero y su hermano deseaban llegar a ser pintores. Como eran muy pobres, decidieron que uno de ellos estudiaría arte y el otro buscaría trabajo y sufragaría los gastos. Pensaban que, cuando el primero culminara sus estudios y ya fuera un artista, con la venta de sus cuadros podría subvencionar los estudios del otro. Echaron a suertes para decidir quién de los dos iría primero a la universidad. Alberto fue a las clases y su hermano se puso a trabajar en la mina. Alberto alcanzó pronto la fama y la genialidad. Después de haber vendido algunos de sus cuadros, regresó para cumplir su parte en el trato y permitir que su hermano comenzara a estudiar. Cuando se encontraron de nuevo, Alberto comprobó dolorosamente el altísimo precio que había tenido que pagar su hermano. Sus delicados y sensibles dedos habían quedado estropeados por los largos años de duro trabajo en la mina. Tuvo que abandonar su sueño artístico, pero no se arrepintió de ello, sino que se alegró del éxito de su hermano y de haber podido contribuir a ello. Un día, Alberto sorprendió a su hermano de rodillas y con sus nudosas manos entrelazadas en actitud de oración. De inmediato, el artista delineó un esbozo de la que llegaría a ser una de sus obras más famosas Manos
Orantes.

Es uno de los cuadros más bellos, y también más reproducidos de Durero. Sin duda el artista volcó en ellos toda su gratitud hacia hermano. La obra es un reconocimiento a la generosidad y la entrega.
¿Cómo lograr unas manos generosas, entregadas, que sepan dar? La fuente está en lo que estas manos del pintor alemán representan: la oración.
Con mucha frecuencia nos preguntamos: ¿cómo provocar la compasión? ¿Cómo podemos abrir nuestros corazones a las necesidades de los demás? ¿Cómo poder encontrar fuerzas para tratar fraternalmente a nuestros semejantes?

En el evangelio de Mc 6, 30-34 se cuenta que los discípulos tras regresar junto a Jesús de misionar, se retiraron a descansar a un sitio retirado. El relato termina con la descripción de la mirada compasiva de Jesús: “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”. Es el retiro, la oración, la que se convierte en la fuente de esa compasión.

La oración no consiste en decir muchas cosas a Dios. Simplemente se trata de estar en su presencia para dejar que su aire nos purifique y nos renueve llenándonos de energía. Se trata de que su presencia amplíe el horizonte de nuestra mi­ rada y nos permita percibir como hermanos a aquellos que sentimos más alejados. La oración es el oasis del corazón y del alma, el lugar al que podemos acudir a reponer fuerzas, a descansar en Dios, a cargarnos de energías para seguir en el camino del bien.