Historia

UN POCO DE HISTORIA.

La fundación de nuestro monasterio fue aceptada e iniciada el 5 de Agosto de 1593 en unas casas propiedad  de los fundadores, y que se encontraban junto a la ermita de San José que ya habían edificado y que hoy es Iglesia conventual. Aunque con fechas distintas, pero en un mismo espacio temporal, dada la diversidad de documentos necesarios para la fundación de un monasterio, así la fundación no fue efectiva hasta el año de 1.596, cuando el Bachiller Juan Díaz de Sabina, clérigo presbítero religioso de la Orden de San Juan de Malta, natural y vecino de La Solana, y una hermana suya, beata de San Francisco, según consta de la Cédula del Rey Nuestro Señor y de su Consejo, despachada en Madrid a  10 de enero de 1.596, fundaron el convento de Monjas de Santo Domingo con la advocación de San José. La fundación se hizo en la casa de su morada, dándoles a las monjas, para Iglesia, una ermita que el mismo Bachiller había edificado y dedicado al Glorioso Patriarca, esposo de la Virgen María.

De la ciudad de Granada, del convento de Santa Catalina de Zafra, fue enviada para ser su primera Priora Sor Lucía de Torres, la cual ejercía en aquel momento ese cargo en su propio convento.

Firmó el Acta Fundacional de este Monasterio el Maestro Fr. Alonso Cabrera en el convento de Santa Cruz La Real de Granada el 15 de octubre de 1.597. En ella libera a la dicha Sor Lucía de su oficio Priora! en el monasterio granadino y la instituye Priora de La SoÍana. En este mismo año es aceptada dicha fundación por el Capítulo Provincial (Acta Cap. Prov., Granada, 2 oct.  1597).

Como fundamento humano-religioso de la nueva fundación acompañaron a Sor Lucía de Torres, Sor Felipa de Santiago, Sor Isabel de Jesús y Sor Juana de Chaves, siendo las tres sobrinas suyas; a ellas se unió Sor Francisca de la Trinidad procedente del convento de Chinchilla, que era pariente de los Fundadores. Sobre el grupo, se destaca la Priora, una mujer de relevantes prendas humanas y religiosas.

La continuidad histórica de la vida religiosa se vio rota unos días después de la declaración del “Alzamiento Nacional”. El 22 de julio de 1.936, en efecto, las monjas son obligadas a abandonar la clausura, siendo acogidas por familiares y personas amigas. El convento e incluso la iglesia se convertirían en dependencias carcelarias, lo más opuesto a sus fines y a la opción libre de sus moradoras habituales.

El 29 de octubre de l.951 se recomienza la vida contemplativa, con la instauración jurídica de la clausura y bendición del Obispo diocesano D. Emeterio Echevarría Barrena. La restauración del mismo, sobre todo de la Iglesia, ha podido llevarse a cabo gracias a la laboriosidad y tenacidad de la comunidad y a la eficiente ayuda, tanto del ayuntamiento de la localidad como de bienhechores.

Datos curiosos…

Destacar que en aquella época, y siguiendo la crónica del Archivo Provincial de la Orden en Sevilla, finales del s. XVI, La Solana contaba con 1.200 habitantes, terreno en extremo seco, aunque sus laboriosos agricultores cultivaban trigo, cebada, olivos y viñas, que producían un vino tan bueno, que podía competir con cualquier otro de España.

El terreno era en extremo seco, el núcleo urbano se abastecía de un pozo que estaba a mediodía y que llamaban “La Solanilla”. Y si un pobre se acercaba a pedir un vaso de agua, era más fácil que le dieran un vaso de vino…

La vida regular, como indicamos más arriba, sólo se ha visto interrumpida en estos 420 años, durante el periodo 1936-1939, la guerra civil española. Al finalizar la misma, pudo regresar parte de la comunidad a hacerse cargo del edificio, adecentarlo y hacerlo habitable, algo que no pudieron terminar hasta el año 1951, en concreto el día 30 de octubre, en que el Obispo D. Emeterio Echevarría impuso nuevamente la clausura, y la comunidad pudo rehacer la vida regular y contemplativa.

Esta casa es un foco espiritual para este pueblo, y un lugar al que numerosas personas se acercan para hacer participes a las monjas sus problemas y necesidades, siendo así casa de oración y predicación, desde la misericordia y la compasión, como Sto. Domingo nos quiso a sus hijos. Comparten su Eucaristía diaria con un buen grupo de fieles, así como la oración vespertina de Vísperas. Hay un grupo de oración que se reúne todos los meses en torno a la comunidad, para la lectio divina, y participan en las actividades de la comunidad parroquial. Se sienten queridas por Dios, y por todos los solaneros, que son quienes participan más de cerca de su beneficio espiritual. Gracias sean dadas a Dios por todo y que todo sirva para que su nombre sea conocido y amado en todo y sobre todo.