Amoris Laetitia, el amor a lo más grande: La Familia

LA MIRADA RENOVADA, COMPLEMENTARIA Y MISERICORDIOSA DE LA AMORIS LAETITIAimages

A lo largo de estos tres venturosos años, el Papa Francisco busca, sobre todo, la reforma de los corazones y de las actitudes; Francisco es un reformador, sí, pero que sabe que no hay ni habrá reforma verdadera y fecunda que no pase por la conversión personal, pastoral y misionera. Y desde esta primera clave se entiende mejor la hermosura, el alcance, la interpelación y hasta el legado de su exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia.

“Los debates que se dan en los medios de comunicación, en las publicaciones y aun entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, hasta la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o extrayendo conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2). Dada “la innumerable diversidad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Solo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares, que debería reconocer, dado que el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas” (AL 300). “Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece” (AL 307).

Valgan también estas citas literales para seguir captando la esencia, la verdadera intencionalidad, de la Exhortación, un texto hermosísimo,  completo (casi exhaustivo), largo (larguísimo, el más largo hasta ahora de Francisco). Un texto que, insertado en el previo magisterio papal sobre la familia, lo actualiza, completa, enriquece y dilata. Un texto escrito con lenguaje directo, cercano, cordial, personal, positivo, realista, propositivo, alentador, abierto, acogedor, integrador, esperanzado y esperanzador y en el que, una vez más, se revela el alma intelectual, religiosa, jesuítica, espiritual y pastoral y, sobre todo, profundamente humana y cristiana de Francisco, un pastor con los pies en la tierra, con una extraordinaria fidelidad a las mociones del Espíritu Santo y a los signos de los tiempos y con una sensibilidad proverbial para hacer realidad que nada humano le es ajeno.

La Amoris leatitia, desde estas ideas-guías, se ha convertido ya en una referencia inexcusable tanto para el próximo magisterio eclesial sobre la familia, como también para la misma acción pastoral. En la Amoris laetitia, Francisco traza una mirada realista sobre la familia contemporánea, sin olvidar en ningún momento cuál es el ideal, el sueño irrenunciable,  de Dios para ella y sobre ella. La Amoris laetitia es un texto equilibrado, audaz, fresco, comprometido, misericordioso, complementario –con todo el magisterio precedente al respecto, que lógicamente queda revalidado en su totalidad- y que abre nuevos, renovados caminos evangélicos, a la hora de afrontar la tan compleja y variada situación de las familias heridas por las rupturas y problemáticas de cualquier naturaleza.

Es también de valorar y agradecer -y mucho- la celeridad con que este documento se ha hecho público (el segunda y definitivo Sínodo de los Obispos sobre la familia fue en octubre de 2015 y la experiencia de las tres últimas décadas nos indicaba que la correspondiente exhortación apostólica postsinodal se demoraba mucho más que los seis meses ahora transcurridos). Para ello, Francisco ha tenido en cuenta otros dos factores fundamentales y de obligada hermenéutica para entender la Exhortación. El primero es el Año Jubilar de la Misericordia (AL 5) y el segundo es en razón de las expectativas creadas al respecto (AL, 2),  sobre todo acerca de las hipotéticas nuevas –y hasta “revolucionarias”- disposiciones papales sobre el acceso a la comunión sacramental por parte de los divorciados vueltos a casar. La Amoris laetitia es mucho más, y limitar su lectura, glosa e interpelación solo a algunos puntos de su capítulo octavo y de sus notas sería reduccionista.

Acompañar, discernir e integrar: estos son los tres verbos –junto a la mirada antes descrita- que pastores y fieles han de conjugar a la hora de vivir y administrar pastoralmente, aunando verdad y caridad, las situaciones concretas de las familias  irregulares, caso a caso, persona a persona, pareja a pareja. Y esta es, creemos, la grandeza y el reto principales de la Exhortación.

¡Gracias, Santo Padre, por este canto de alabanza y de aprecio a la familia!.